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Sexual Protocol In An American College / Protocolo sexual de un College Americano

When we landed in this vast continent of hamburgers in which the five cent coins are bigger than the ten cent ones, nobody told us how we would feel when sleeping with an American boy. We were told about the classes, the cultural shock and the free food in the dining halls. But they missed one of the largest and most mysterious issues in a society that I both love and question. And it was not until I heard things like, “I had sex with someone last night” when I started to question it. Remember the word “someone”.

After a semester and a half of cultural immersion in an American college, I still do not get this nonsense of understanding sex as an irrational taboo. It has taken me some months to get over it, but I still experience quite weird situations, like when the guy that I slept with the other day doesn’t look at me anymore, even though he used to gaze at me while smiling before. My friend Zack, who is not an expert on sex but who is capable of giving me his intelligent male perspective, told me directly, “The only reason why he doesn’t look at you anymore is because you have seen his penis, and that means something to a man.”

 

I wouldn’t be exaggerating if I said that in American culture everyone thinks of sex. Songs talk about sex, films that don’t include a sex scene are considered boring and sexual harassment paranoia is everywhere. The paradox is that even though sex drives the most influential country in the world crazy, it is not perceived as a casual and fast act. On the contrary, it is more like a sort of protocol game in which you will lose if you don’t know the rules.

 

Theoretically, it’s very simple—you go out with your friends, you get drunk and you go to the closest and most crowded party of the night. With some make up on, you start dancing with the people you are with, stopping for a while every time you encounter someone. The idea is that the girl has to dance as a call for action, as if her life were in danger. The guy only has to stay kind of steady, choose the most attractive and potentially accessible girl and stalk her little by little from behind.

 

Crazy, right? Well, that’s exactly what I thought the first time I witnessed this ritual. But I was astonished when I realized that the girl was not leaving. On the contrary, the grinding intensified in a vulgar way as the girl started to rub her ass against the guy on her back while he held her firmly. The worst part is that sometimes they do not even look at each other before doing this. Girls have the power in this kind of situation because they are free to go if they do not like the guy anymore or start the ritual all over again. If the girl finally makes up her mind, they kiss each other. And they just keep dancing and kissing until the end of the party. There is no need to do this to hook up with someone, but this is probably 85% of the cases. There is another 15% that is more based on flirting and is, from my point of view, so much more fun.

 

There are two possibilities after that: they either go to one of their rooms (preferably to the one that doesn’t have a roommate, though there are creepy stories about these situations) or just keep kissing. And, if they want to go further, they try something else. If they go for option one, they may be victim of one type of non-lubricated condom that is found in the Health Center. They are super cheap, but that must be more like torture rather than pleasure for the poor masculine subject. They are more useful for making balloons.

 

And that’s all, after that it is over. Because even though the guy that you have hooked up with is the most charming person ever and you had the time of your life, the next day he will not call you. He is not going to text you asking about your day, and you are crazy to think that he is going to add you as a Facebook friend. You will encounter him in the dining halls, you will feel clumsy as he walks by and you will say hi to him as you would to the grocer from your hometown. And that feels weird to me, because what I would naturally do is hug that person and instead I just keep wondering what the hell I should expect from him.

 

As days pass by, you will figure out that it was a one night story, because everything that smells like commitment on this campus sucks, even more so if you are an exchange student. However, we will always have the 15% that, though small, tastes like heaven.

 

Cuando aterrizamos en este vasto continente de hamburguesas y monedas de 5 centavos que son más pequeñas que las de 10 nadie nos contó cómo nos íbamos a sentir al meternos en la cama con un americano. Nos hablaron de las clases, del shock cultural o de la comida gratis en los comedores. Pero se dejaron una de las grandes incógnitas de esta cultura a la que amo al mismo tiempo que cuestiono. Y no fue hasta que oí frases como “I had sex with someone last night” cuando empecé a cuestionármela. Remarquemos el “someone”.

 

Después de semestre y medio de inmersión en la vida estudiantil de un College Americano, sigo sin pillarle el sentido a esta tontería de entender el sexo como tabú irracional. A mí me ha costado unos meses, y aun así experimentando historias bien extrañas, como cuando el tipo con el que me acosté el otro día ahora no te mira a los ojos en clase, cuando antes me comía con la mirada. Mi amigo Zack, que no es un experto en esto del sexo pero que es capaz de responder de manera inteligente desde una perspectiva masculina, me lo dejó claro: “el único motivo por el que no te mira es porque le has visto el pene, y eso a los hombres nos marca”.

 

No exageraría si dijera que en la cultura americana todo el mundo piensa en sexo. Las canciones hablan de sexo, las películas en las que nadie se acuesta con nadie son consideradas aburridas y la paranoia del acoso sexual está hasta en la sopa. Y la paradoja es que ese acto que le trae de cabeza a la sociedad con más influencia en el mundo no se considera, desde mi punto de vista, como algo casual y divertido, sino más bien como una especie de protocolo en el que o conoces las reglas o pierdes la partida.

 

En teoría la cosa es bastante simple: sales con tus amigos, te emborrachas un poquito y te vas a la fiesta que esté más llena esa noche. Te pones guapita y empiezas a bailar con la gente con la que estás, parando cada poco tiempo para saludar a las personas que te vas encontrando. La idea es que la chica baile pidiendo guerra, como si le fuera la vida en ello. El tipo no tiene más que estarse más o menos quieto, escoger a la tía que le resulte más atractiva y acechar a la tipa por detrás poquito a poco.

 

La cosa es que la primera vez que fui testigo de este ritual pensé: “bueno, la tía se apartará”. Pero no, se queda bailando con él de manera un tanto vulgar, restregando cada parte de su trasero contra el tipo que la agarra con fuerza tras ella. Y lo mejor es que a veces ni les miran a la cara antes de hacerlo. La tía en estas situaciones es la que tiene el poder, porque es libre de irse si el muchacho no le gusta o empezar de cero con el ritual una vez más. Si al final la chica se convence, se besan. Y siguen bailando y besándose hasta que se acaba la fiesta. No siempre que hay que hacer esto para enrollarse con alguien, depende de la persona en la que estés interesado/a. Este es el 85% de los casos, el otro 15% se basa más en el tonteo o en la suerte y es, para mí, mucho más divertido.

 

Después pueden pasar dos cosas: o se van al cuarto de uno de los dos a tener sexo (preferiblemente al que no tenga compañero de cuarto, aunque con respecto a ese tema hay historias para no dormir, literalmente) o simplemente se quedan dándose besitos más tiempo y, si son espabilados, hacen alguna guarrería más. Si se decantan por la primera opción pueden ser víctimas de unos condones horribles que tienen en el Health Center que son súper baratos pero que no tienen lubricante y que deben de ser para el pobre sujeto masculino más una tortura que un placer. No sirven para otra cosa que para hacer globos.

 

Y eso es todo, ahí se acaba la cosa. Porque a pesar de que el tipo con el que hayas pasado la noche sea un encanto y te haya echo pasar una experiencia increíble, al día siguiente no te va a llamar. No te va a escribir un mensaje preguntándote como has pasado el día, y estás loca si crees que te va a enviar una solicitud de amistad. Te lo vas a encontrar por los pasillos y en los comedores, te vas a poner nerviosa al cruzarte con él y saludarle como si fuera el pescadero de tu barrio, a pesar de que te gustaría darle un abrazo, y te vas a preguntar qué cojones esperar de esa persona.

 

Cuando pasen los días te darás cuenta de que lo que pasó tiene cada vez más pinta de quedarse en una aventurilla de una noche, porque aquí todo lo que huele a compromiso apesta, y más si eres estudiante de intercambio. Siempre nos quedará la suerte y ese 15% del protocolo sexual que permanece indefinido y que, aunque escaso, sabe a gloria.

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